Un dia mas, como siempre, entró en aquella estancia oscura y sin señal alguna de vida, donde tendria que velar por un cuerpo inerte. Y a hacia cuatro años que su trabajo consistia unicamente en aguardar sentado al lado de aquella enorme cama, en la que yacia aquel a quien devia servir cuando despertara, aquella persona, no, en realidad no era una persona, aquel ser, con la apariencia de un muchacho de secundaria, en todo aquel tiempo no habia movidoo un solo musculo.
No sabia porque le habian dado tal empleo, ya que no hacia esfuerzo alguno para justificar su sueldo, ademas le permitian el acceso a la biblioteca familiar, que era grandiosa. Lo unico que le resultaba muuy duro era renunciar a la libertad, ya que no dejaba de ser un joven de 19 años recien cumplidos y no podia negar que tenia ganas de salir con gente de su edad.
Iluminado tan solo por la tenue llama de una vela, pasaba sus horas leyendo todo tipo de libros y de vez en cuando, contemplaba aquel hermoso y niveo rostro. Realmente aquella cara inmovil le tenia extrañamente cautivado, aunque no sabia porque. Le resultaba curioso el mechon rojo de su flequillo, ya que algunas veces parecia que cambiaba de tonalidad. Justamente, ese dia parecia menos brillante de lo habitual, aunque con tan escasa luz no podia estar seguro. Para cerciorarse, acercó la vela y se inclinó un poco en la cama para poder ver mejor.
En ese instante, un ruido resono en la habitacion, "Que? un retortijón? Pero... yo no he sido!" Entonces miró hacia abajo y, cual fue sus sorpresa, que vio unos ojos de un color granate oscuro y apagado contemplandole, con expresion adormilada.
Por puro reflejo se apartó de un brinco, volviendo a la silla
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